Desde el principio fue algo durísimo, tremendo, que cambió todo. No sólo en la vida de él, sino también en la nuestra, la de su familia. Siento que todavía le falta confianza para hacer algunas cosas, que no hace por temor a incomodar a otras personas. Pero más allá de eso, lo veo muy bien. Y creo que en eso tuvo mucho que ver el apoyo incondicional de la gente. La novia, los amigos del colegio y los de la facultad fueron muy importantes en su recuperación.

Una de las cosas que recuerdo de esos primeros días duros, en los que él estaba con la tracción en la cabeza y no se podía mover, nos pidió que le lleváramos música. Un día le dejamos un mp3 con canciones de rock, no conocía ni una, se volvió loco, je. Pero a pesar de que él era el que la estaba pasando peor, siempre le decía a nuestros viejos que no se pusieran mal. Cada vez que le preguntabas “¿cómo andás, Dani?”, te contestaba “bien”. Siempre con actitud positiva.

Me animo a decir que el papel que cumple hoy en el equipo es más importante que el que tenía cuando era jugador. Porque además de los conocimientos técnicos, nos da algo que sólo él puede: no hay mayor motivación que verlo a él. Y como su hermano menor, yo siempre lo vi como mi ejemplo a seguir.